Fundación de Rocha.

En primer término, voy a expresar mi agradecimiento a la invitación, por varias razones.

La primera de ellas, por que me permite, en alguna manera, asociarme, en cuota muy modesta, a la obra cultural que, en consonancia con su rol social, viene cumpliendo la Jefatura de Policía, con todo su personal.

En segundo lugar, por que es intención de esta Jefatura, proyectar este mensaje, si es que mensaje puede llamarse, a todo el país, a través de las reuniones de las Comisiones de  Colaboración Policial.

Y en tercer término, porque en más de un modo y en más de una medida, lo que voy a decir tiene mucho que ver con la función policial, porque la fundación de Rocha obedeció a un problema de seguridad de los habitantes y de sus bienes.

Esta medida que se aplica al Pago de Rocha, en una fecha en que van a cumplirse los doscientos años en el próximo año, tiene varios antecedentes.

Obviamente, lo que se llamó el Partido o Pago de Rocha, era conocido bastante tiempo antes. Las primeras menciones a estas regiones, aparecen en las cartas de viaje de los navegantes en el siglo XVI, más concretamente en el año 1515. Solís viaja por el sur del atlántico y es le primero que entra, al parecer, por el Río de la Plata y ya deja algunos nombres en las costas de nuestro departamento. Las islas de Torres, porque las visita el segundo jefe de la expedición, que era cuñado de Solís, y deja su nombre a ellas.

De ese tiempo es el nombre de Cabo de Santa María, a cuyo abrigo estuvo anclado Magallanes durante un temporal, en febrero de 1520.

Todo esto ya está registrado en la historia del mundo, del Renacimiento, en el mundo de los grandes descubrimientos, en el mundo de la conquista.

Por el otro lado, por tierra, la civilización que traen los españoles, va penetrando gradualmente en el territorio. La introducción de la ganadería es un factor decisivo para el Pago de Rocha, que recibe recién su nombre por el de un faenero que acostumbra visitar estas regiones, que acampó y tuvo sus estancias y sus lugares de faena en lo que hoy es llamado Paso de la Cruz, lugar muy visitado en la época por varias razones. La sierra era un punto fuerte de riqueza ganadera. Dicen los paisanos, y es verdaderamente cierto, que las sierras son criadoras porque el ganado montaraz tiene allí su mejor defensa, en la piedra, en el monte; al extremo que, cuando los reyes de España comienzan a conceder estancias en lo que hoy es el departamento, muy pocas de ellas son concedidas en las sierras. Y las que se dan en los valles, como las que se le otorgan a José Núñez, que ostentaba el grado de Comisario, que tuvo sus asientos en la zona de Chafalote, en los títulos de concesión de los campos, se establece que se le permite recoger ganado y llevarlo a estancias que quedan comprendidas entre los Arroyos de Don Carlos y Chafalote a la Laguna de castillos y el mar, con prohibición de entrar en las Sierras. El ganado de las sierras era elganado Real, el que pertenece al Rey.

Esta riqueza ganadera, en campo sin guardias, obligó a prestarle mucha atención. Había guardias en los pasos, en puntos estratégicos, pero obviamente esas guardias estaban limitadas a un sargento y pocos oficiales, y no podían hacer la vigilancia más que en los pasos reales, en el lugar de asiento de los guardias: en el Paso Real una guardia, en el Paso de Garzón otra, lo mismo que en el Paso de Castillos; junto a la Laguna de Castillos estuvo la que le llamaban Guardia del Monte; y otra en la zona del Palmar.

Las guardias eran dobles: una guarida en el paso y otra en un lugar prominente, no más lejos de una legua de la anterior.

En la zona de La Pantanosa, más cerca todavía, los vecinos distinguen el Cerrito de la Guardia, que se comunicaba con determinadas señales con las del Paso Real.

La función de estas guardias era, evidentemente, controlar el tránsito y los pasaportes existentes para circular, en los tiempos de la Colonia, por los caminos del territorio; el que no tenía pasaporte era considerado vagabundo y, por lo tanto, estaba en falta, pudiendo ser remitido a cualquiera de los destacamentos permanentes.

Esas guardias fueron determinando los puntos de nucleación.

Pienso que la Guardia del Paso Real tuvo dos lugares donde pudo estar asentada: en lo que fue una antigua casa, del otro lado del Paso Real, que no sé si existe todavía, o en la casa que se conserva aún en la zona del Hipódromo, que es una vieja casa de piedra, donde hay una caballeriza actualmente. Esa casa fue vivienda de un Alcalde, don Francisco Antonio Zelayeta. Miguel Antonio Zelayeta tuvo su estancia allí, la que se extendía desde el Paso Real hasta las Sierras. Los campos que hoy son propiedad de los Oyarvide, pertenecieron a don Miguel Antonio Zelayeta que, como dijimos, vivió en la casa de piedra ya mencionada. Pudo ser también asiento de la guardia del Paso Real, los predios donde hoy se ubica el Hogar de Ancianos, por cuanto los ombúes denuncian siempre la existencia de una antigua población.

Estas guardias, naturalmente, permitían a algunos vecinos, a los que se les adjudicaban propiedades, radicarse con ciertas garantías y seguridades.

Pero, evidentemente, aquella campaña, inmensamente rica en ganadería, era comúnmente saqueada por dos vías: por tierra llegaban los contrabandistas que arreaban ganado para el Brasil, casi siempre; y por mar, los piratas. Es verdad que Moreau se instaló en la zona de Castillos, frente a Aguas Dulces, y ahí, en pacto con los indios, faenaba ganado y salaba cueros; la carne no interesaba; sólo salaba los cueros y llevaba los sebos. En el año 1620 le pusieron fin, en batallas que se sucedieron en esos lugares, lo que les costó la  vida.

El territorio fue teniendo luego, estancieros, a quienes la Corona les cedía estancias, con el compromiso de vivir en ellas, poblarlas, sembrarlas, entendiéndose que poblar era un modo más seguro de civilizar. Así se fueron eligiendo los mejores lugares de estancias en los rincones naturales de estas tierras, como los que formaban el arroyo con el mar o las lagunas. Por eso, nuestro territorio está poblado de rincones; Rincón de Herrera, por ejemplo. Miguel de Herrera fue un colono de fines del siglo XVIII y principios del XIX, fundador de una larga estirpe familiar, que existe en Rocha todavía; los Herrera, los Silva y los Sosa están emparentados. Miguel de Herrera fue el hacendado más rico de la zona de Garzón, considerándosele el mayor exportador de cueros y de sebos, siendo un personaje importante en defensa de la región. Acaudilló las milicias del Este contra los invasores ingleses y siendo ya capitán, fue el primer Alcalde de la Villa de San Carlos. Sus restos descansan en el cementerio de nuestra ciudad, en el Panteón de los Herrera, ubicado a la entrada del mismo.

En la zona de Garzón pobló José de Sosa y en el Alférez, su hermano Silvestre de Sosa. Ambos ya eran estancieros anteriormente a la fundación de la Villa de Rocha.

Ya en las proximidades de Rocha, estaban instalados Toribio del Barrio y José Machado, fundadores ambos de destacadas estirpes, de las cuales debe andar por aquí algún lejano descendiente.

Toribio del Barrio era hijo de un gallego de San Carlos, siendo uno de los primeros colonos de estos pagos.

Esta gente disfrutaba de una mayor protección de sus propiedades, al estar radicados en las zonas de influencia de las Guardias Reales.

La Estancia Real tenía el apoyo de dichas Guardias para poder enfrentar el azote que significaba la acción de los contrabandistas y piratas, que diezmaban las haciendas.

Hubo un primer intento de solución para este problema, con la creación de las Estancias Reales, como la de Don Carlos, fundada por Zeballos. En la campaña para expulsar a los portugueses, llega hasta Río Grande y al regreso dispone dicha creación, con el propósito de poder disponer de haciendas con las cuales proveerse de caballos y de bueyes para las carreteras de Santa Teresa.

Igualmente resultaron importantes fuentes de abastecimiento de carne para las Guardias de estas zonas y de las de Maldonado, ya que los destacamentos más importantes estaban ubicados en la Fortaleza de Santa Teresa y en la vecina región de Maldonado.

Hubieron otras estancias reales como las de Palmar y de Pan de Azúcar; todo lo que es el Cerro, que fueron después campos de Leonardo Olivera, era la Estancia Real de Pan de Azúcar.

Pero la medida más aconsejada para proteger las haciendas, era la de fundar una población que nucleara servicios y fuerzas de seguridad, que sirvieran de resguardo para la zona. Hay una orden Virreinal, de fines del siglo XVIII, que ordena la fundación de, por lo menos, tres pueblos, entre Maldonado y Santa Teresa. Maldonado era, en esa época, la población más importante de  esta parte del territorio y Santa Teresa era, por aquel entonces, la población más avanzada en el sur del Virreinato, de quien dependía militarmente, porque civilmente lo era del Cabildo de Maldonado. La comunicación por estas largas leguas entre San Carlos y Maldonado con Santa Teresa, era muy difícil.

En títulos que hemos estudiado, del legado de José Nuñez, solicita que se le entreguen tierras a cambio de los servicios que él ha prestado en el Fuerte de Santa Teresa, así como en el Fuerte Artigas y de Maldonado, arrancando piedras. Su solicitud se basa en el abandono en que se encuentra el lugar que se propone poblar y vivir allí. Dice que una población  serviría de refugio a todo ser yente o viniente entre Santa Teresa y Maldonado, donde no hay otra población. Hacer todo este camino en aquel entonces, era muy riesgoso porque la campaña, que no estaba muy poblada de colonos, era constantemente visitada por maleantes, gente de malas costumbres que vivían del contrabando, del robo, del asalto.

Esta fue una de las razones de la fundación de las villas, como lo fue la de Minas y de Melo en otro orden. Pero otra razón no menos importante, era que en el Cabildo de Maldonado había radicadas, desde hace muchos años, muchas familias de origen español, que habían venido en un intento de colonización que se había proyectado en la Patagonia. Por razones especiales fueron destinadas a Maldonado y allí quedaron, sin destino, sostenidas por la Hacienda Real, es decir, por el Erario Público. Si bien no era mucho lo que costaban, no dejaba de ser importante el gasto de un real por día y por familia. Por esa causa, era imperioso darle destino a esas familias.

De manera que a las ideas de arreglar los campos por un lado, de proteger las comunicaciones por el otro y de darle radicación a las familias españolas, conforman la conjunción de factores determinantes de la fundación de la Villa de Rocha. Se le ordena al Ministro de la Real Hacienda de Maldonado, Rafael Pérez del Puerto, personaje importantísimo en la vida colonial y regional, la elección del terreno con ese propósito. Hay un primer informe anterior a 1790, donde aconseja precisamente la ubicación en los campos que fueron de José Núñez y que ya estaban gestionados por él. Ese informe se pierde. Tengo mi suspicacia, por cuanto José Núñez era un personaje importante de la época; era Teniente Alcalde de Santa Hermandad; tenía grado y no era fácil quitarle tierras. Ese informe se pierde en el Virreinato, por lo que se le ordena a Rafael Pérez del Puerto produzca otro informe, lo que hace a fines de 1791, donde establece que sobre la margen izquierda del Arroyo de Rocha, junto al Paso Real, existe un terreno suficiente para instalar una villa con colonos, porque tiene agua y leña cerca; la tierra, si bien no es muy buena, se presta para chacras y más allá de ellas, se pueden otorgar tierras para el establecimiento de algunas estancias. La idea era la de ubicar en estas tierras a un grupo de colonos, de familia radicadas en Maldonado, así como también, otorgarles terrenos a quienes ya estaban establecidos en estas zonas desde tiempo atrás.

Determinar una fecha de fundación de Rocha es muy difícil; hay todo un proceso que se inició, en forma casi anónima, con quienes se fueron asentando por los alrededores de la Guardia Real, casi seguramente. Y luego, con el establecimiento de los estancieros, a quienes se les entregan tierras próximas, y la llegada de los colonos, culmina un proceso fundacional. Los cierto es que entre septiembre y noviembre de 1793, en esos dos meses, Pérez del Puerto estuvo acampado a orillas del Arroyo de Rocha, junto con los ingenieros que delinearon lo que iba a ser la futura villa. Es al final de este período que él envía un informe al Virrey, diciéndole que terminaba de dejar delineada la ciudad y contratados los servicios de quienes van a proveer los elementos necesarios para construir las casas y hasta determina con precisión el orden de la misma: primero, la casa para la Guardia, luego la casa Parroquial y, finalmente, una para depósito de todo los materiales necesarios. Contrata con dos vecinos de la zona, la fabricación de ladrillos. Miguel de Yarza es el primer ladrillero de estos pagos, quien fabrica los ladrillos y después es el albañil que construye las veintitantas viviendas iniciales, tarea que se inicia con mucha lentitud. Es al año siguiente que se funda la iglesia con el nombre de Parroquia Auxiliar de la Villa de San Carlos. El cura Montenegro, de la iglesia de San Carlos, es quien establece la Iglesia en un rancho muy modesto y celebra los primeros casamientos. El libro de casamientos y de nacimientos, que se conserva aún en nuestra Iglesia, comienza a escriturarse en noviembre de 1794, con la celebración de los primeros matrimonios y la inscripción de nacimiento de niños del lugar. Tantas inscripciones se produjeron como consecuencia que ya existían vecinos establecidos como José Machado, Toribio del Barrio, un tal Balao y José Techera, que habían sido compensados con el otorgamiento de propiedades de la Estancia Real de Don Carlos, en lugares protegidos por la Guardia, en un proceso que lleva alrededor de diez años. Lo cierto es que las familias españolas, radicadas en Maldonado desde hace unos cuantos años, llegan a la Villa de Rocha recién el primero de enero de 1801, cuando ya estaban terminadas las construcciones de las viviendas.

En la nómina siguiente van a encontrar apellidos propios y otros que ya han desaparecido: Eustaquio Benito Ventura Chavarría, hoy decimos Echeverría; Juan Fabre, transformado por la costumbre en Fabra; Sebastián Herrera; Francisco Pérez Brañas; Miguel González; Manuel Durán; Pedro Corbo; José Brañas; Alonso Rodríguez; Pedro González; Lázaro Caballero; Francisco de Vega; Paulo Aguilar; Manuel Caballero; Manuel Bottana; Antonio García. Muchos de estos apellidos subsisten, como los González, los Prieto, Los Corbo, e incluso, en los lugares donde poseyeron sus chacras o campos. Por ejemplo: a los Corbo les asignaron propiedades en el Paso de las Conchas; a los Brañas en las Sierras; y a los demás, en el resto de lo que hoy es nuestro departamento.

El otorgamiento de tierras suponía tres grados de la producción: a los estancieros se les otorgaban tierras fértiles, en una suerte de estancia de una legua de frente por una y media de fondo; a los colonos, chacras, una yunta de bueyes, un arado y algunas semillas, para que pudieran iniciar sus trabajos; y al resto de los colonos, porque eran artesano, en distintos oficios, como herreros, carpinteros, etc. , una casa en la Villa.

Con estancieros, chacreros y artesanos comenzó la vida de la Villa de Rocha y de sus alrededores, en una época de la que se van a cumplir doscientos años. El primer Alcalde fue Miguel Antonio Zelayeta, como ya dijéramos, nombrado como primera autoridad civil en junio de 1801. Por esa razón es que algunos historiadores afirman que esa es la fecha real de la fundación, argumentando que las villas deben ser consideradas como fundadas, cuando se establece la primera autoridad civil; pero otros estiman que la fundación debe ser tenida en cuenta, desde el momento en que se ha asentado la gente. Por eso es que nuestros antecesores festejaron le primer centenario del acontecimiento en el año 1893 y la costumbre ha sido respetada. En realidad, debería haberse festejado de septiembre a noviembre, pero en aquel tiempo, hace cien años, las actas hacen constar que se cumplió en diciembre debido al mal estado de los caminos, que hacían difíciles las comunicaciones. Así, pues, en noviembre del año venidero, seguiremos las tradiciones y festejaremos el bicentenario de nuestra ciudad. Creo que es lo que más de se acerca a la realidad histórica.

Las veintiuna familias fundadoras de la Villa de Rocha non sumaban más de un centenar de personas, sumados los hijos y los esclavos. Con los lugareños, deben haber alcanzado a una población inicial, no mayor de trescientos pobladores. Lo curioso resulta ser que la Villa crece muy rápidamente, lo que quiere decir que la campaña ya tenía en esa época, una población importante, como se refleja en los libros de la Parroquia, donde se anota una significativa inscripción de nacimientos de hijos de colonos y de esclavos. Ahí surge el problema de los apellidos de las personas de color, que coincide con los de algunos de los primeros pobladores. Así se lee en los libros: "...Manuel, procede de la casa de..., hijo de esclavo y de..." es por eso que el apellido del esclavo pasa a ser el del amo.

La villa prospera con rapidez y no hay ninguna duda que respondió con creces a los fines establecidos, por cuanto Pérez del Puerto habla de la importancia de Rocha en el arreglo de los campos, con la radicación de las familias y también en la defensa del territorio.

Curiosamente, cuatro o cinco años después de instalada las mismas, se producen las invasiones inglesas y los vecinos se reúnen espontáneamente con el propósito de contribuir a la defensa de Montevideo, con  el único capital que pueden aportar, que son los cueros. Hacen una colecta, que envían en carretas al puerto de Maldonado, para embarcarlos hacia la capital. Muchas son las carretas que hacen el transporte, cuyo producido se destina a la lucha contra los invasores. Es así que también se forma una fuerza de la zona, al mando de José Herrera, que combate en Montevideo contra los invasores ingleses.

Entre 1816 y 1820, en la época de las invasiones inglesas, visita la Villa de Rocha, durante cuatro o cinco días, el naturalista francés Auguste Saint Hilaire, un sabio que viene recorriendo esta parte del Nuevo Mundo desde Porto Alegre y Río Grande. Ingresa a Rocha por Chuy, del que dice que era un núcleo poblado con pocas casas. Recorre las Sierras de San Miguel y los montes naturales de esos parajes, estudiando la fauna y la flora y asombrándose de la fertilidad de estas tierras, en comparación con las que había conocido en Brasil. Documenta sus estudios y sus recorridos, dejándonos un testimonio muy valioso. Así, de su visita a Castillos, consta que se alojó en la casa de un vecino del lugar, de apellido Molina, y en Rocha, en el domicilio de un descendiente francés, de apellido Barbat. Se asombra de la forma en que ha enriquecido su compatriota, con su casa de comercio, carpintería, y herrería, teniendo a su servicio un importante número de esclavos. Disponía de varias carretas, con las cuales transporta mercaderías y realiza el comercio en zonas rurales y con la frontera, fruto del aislamiento con el resto del territorio.

El progreso de la Villa de Rocha es realmente sorprendente en los primeros años de vida. En 1830, los vecinos juran la Constitución en la Plaza principal ,en adhesión a la proclamación realizada por el Gobierno de la época, según consta en las actas oficiales. En ellas aparecen las firmas de los vecinos que se nombraron como primeros pobladores. Similar ceremonia se cumplió en Castillos, como demostración de lealtad a la nueva constitución. 

Con la vida independiente comienza un nuevo período para la Villa de Rocha, con la fundación de las primeras escuelas, aunque le primer establecimiento escolar es anterior aún a 1830. Son escuelas particulares que auspiciara el Alcalde. Pese a alas guerras civiles, pese a todas las dificultades, muestra gran unidad entre los habitantes. Es sorprendente ver documentos de la época, fechados dos o tres meses después de haber finalizado una guerra civil, con la firma de blancos y colorados empeñados en el bien común para formar el pago del departamento. Es así que se forma una Comisión Departamental con el cometido de trabajar por la segregación departamental, que integran vecinos de distintos sectores políticos e inmigrantes que ejercen distintas profesiones, todos unidos en torno al propósito de luchar por el progreso local.

Se inicia así un período que se llamaría civilista, pese a las disputas en el orden político, porque en esa época es que se consolidan las instituciones sociales, algunas de las cuales subsisten. Entre 1860 y 1870, cuando alcanza el mayor auge la lucha por la segregación departamental, existen siete u ocho escuelas en el departamento. Pero además, hay dos instituciones de enseñanza liceal, fundadas por inmigrantes, que impartían la segunda enseñanza a los jóvenes de la Villa. Eran colegios particulares y por lo tanto, pagados por los padres. Los mismos son dirigidos por un marino de origen español, Eugenio Ruiz Zorrilla, y un polaco que había combatido en la guerra del Cáucaso contra los rusos, llamado Bodorja Scognick. Eran personas de mucha cultura, al extremo que José Pedro Varela los designa Inspectores de Escuelas, cuando realiza la Reforma Escolar. Ruiz Zorrilla fue el primer Inspector de Escuelas de Maldonado, que incluía aún a Rocha, y Bodorja fue el primer Inspector de Escuelas en Cerro Largo.

A estos Institutos de Enseñanza Media concurrían los hijos de los estancieros, de los colonos y de los inmigrantes, cuyo contingente había aumentado considerablemente desde la Guerra Grande. Tal contingente migratorio estaba compuesto principalmente por españoles e italianos.

Todos saben, porque muchos tienen ascendientes italianos, lo que significó la inmigración de ese origen en Rocha. El cordón antiguo de chacras se puebla de quintas trabajadas por los italianos fundamentalmente. Algo parecido sucede con los oficios. La arquitectura de la época cambia notablemente por obra de los constructores de origen italiano. Como  ejemplo, se puede citar la casa que construyó  el padre del Doctor Demichelli, en la intersección de las calles 25 de Agosto y 18 de Julio, frente al Hotel Trocadero. Los Pini, de origen italiano también, llegan a estas regiones luego de participar en la construcción del túnel de los Alpes y fueron los constructores del Faro de la Paloma. Aquí se quedan y en alguna medida, son los pioneros del turismo en ese Balneario. La sastrería tiene también, sus más destacados operarios, en los inmigrantes italianos. Los vascos, en cambio, fueron los importadores de la industria lechera, que era lo más típico de su actividad artesanal. Entre los comercios e industrias se destacan dos zuequerías, que se establecen en terrenos cercanos a la Jefatura, atendidos por pastores de cabras provenientes de los Pirineos. La actividad que inician, adquiere gran importancia, porque los zuecos resultan ser el calzado que más se adapta a las calles de tierra y barro.

Estos son los orígenes, en términos generales, de la actividad de numerosas familias que se establecieron en Rocha y cuyos descendientes, en su mayoría, aún permanecen aquí.

En la época en que hace su aparición la prensa escrita, es decir, en la década del setenta del siglo pasado, son dos personas de apellido Revuelta y Cortés, quienes fundan el primer periódico que se llamó "La Voz de Rocha", que duró muy pocos meses. Pero fue la semilla para los que vinieron después, como "La Ley", "La Prensa", "La Democracia" de muy larga vigencia, y de los centenares de diarios que se publican en los años venideros.

Ya, en ese momento, cuando la comisión de Vecinos está trabajando intensamente por la segregación departamental, la prensa publica los argumentos que se esgrimen como los más importantes para alcanzar el éxito, entre ellos, que Rocha tiene más escuelas y más prensa que Maldonado, lo que habla de un desarrollo cultural que justifican los propósitos perseguidos.

En este período, también, se crean importantes sociedades civiles a iniciativa de los inmigrantes, como la Sociedad Italiana, la Institución de Mutuo Socorsso y la Sociedad Española. La primera de ellas se funda en el año 1876 y cada una va nucleando los vecinos de su colectividad. La Sociedad Italiana aún subsiste, mientras que la Española hubo de liquidarse hace algunos años, por cuanto solo sobrevivía un solo socio, don Salvador Diez, que, como dato curioso, se ve impedido de disolver la Sociedad por serle imposible reunir una Asamblea con ese propósito. En consecuencia, la Sociedad murió de hecho y las propiedades están prometidas en venta al Municipio. Son ellas las que están ubicadas entre el C.S.Obrero y la Sociedad Italiana, en la intersección de las calles 25 de Agosto y de los Treinta y Tres. También, en esa época, se funda una Sociedad Cosmopolita, que reúne a los inmigrantes de otros orígenes, pero que tiene muy corta vida. Surgen Clubes Sociales como el "Porvenir", que alcanza una existencia de 50 años, 1882-1932. Su último local se ubicó en la calle Gral. Artigas, donde hoy funciona un comercio de venta y reparación de bicicletas. La Sociedad "Porvenir" inicia las gestiones para la construcción de una nueva sede, en lo que hoy es el Teatro "25 de Mayo", pero no pudo culminar las obras. De ahí que una sociedad privada, compuesta por los señores Nicolás Casella, Damián Biurrum, Eladio Gonzáles, Domingo Aguirre y Gabino Pereyra, adquieren el bien y dan término a los trabajos, hasta que el Estado, a través del Ministerio de Instrucción Publica y Previsión Social, hoy Ministerio de Educación y Cultura, compra el bien y lo entrega para el usufructo y conservación, al Municipio.

A fines del siglo pasado surgen los consultorios profesionales, de origen extranjero, sobre todo en el campo de la medicina: Dr. Farot, francés; Dr. Cifani, italiano; Dr. Lucio Sanz y Sancho, español, que vivió hasta muy avanzada edad en este siglo. Ellos tres son los médicos que trabajan en la Villa de Rocha, en la época en que se cumplían las gestiones para la segregación departamental. Después, hacia fines del siglo, se instala el primer médico uruguayo graduado en la Universidad, que fue el Dr. Florencio Martínez Rodríguez.

El período de auge cultural y comercial se cierra con la gran esperanza de la construcción del puerto oceánico en La Coronilla. Los editoriales de los diarios del año 1890, hablan de dos temas fundamentales: la Reforma Escolar, que ya está en marcha, y la aspiración de un puerto de ultramar, que incluso intenta concretarse en alguna concesión otorgada, que no realizó las obras. Es en ese mismo período que nace la preocupación para resolver el problema de los bañados, que hoy está en la consideración de todos; lo que quiere decir que es un problema ya centenario.

¿Cómo llegamos a este siglo? Diría que en Rocha se inicia con dos o tres acontecimientos realmente importantes.

El primero es el puerto de La Paloma. Siempre fue un puerto natural que, inclusive, sirvió de refugio a Magallanes en 1520, para guarecerse en un temporal, como dijimos al principio. También es utilizado en tales condiciones, durante la Guerra Grande, en el desembarco de armas. Pero el puerto como tal, habilitado con sus muelles, Aduana y demás servicios, se inaugura oficialmente en el año 1910, sin perjuicio de que, desde varios años atrás, zarpaban y arribaban embarcaciones, siendo la única vía de comunicación que existía con Montevideo, y por ella se enviaban o traían las mercaderías. Era, asimismo, el medio por el cual viajaban los pasajeros, ya que el traslado por tierra era mucho más costoso, aunque el mismo fue evolucionando desde la carreta, la diligencia, los carruajes hasta el ferrocarril. El primer trayecto por ese medio es el que une Rocha con La Paloma, realizado como consecuencia de la obra del puerto. El proyecto inicial de este trazado, además de unir a La Paloma con Rocha, era muy original y muy importante para esta zona y su desarrollo, aunque, lamentablemente, se frustró. El trazado estaba proyectado para unir Rocha con Treinta y Tres y Río Branco. El puerto de La Paloma fue concebido como  puerto de ultramar, al que accederían por ferrocarril, los productos de Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo y aún los del sur del Brasil. Al no hacerse realidad todo el trazado del ferrocarril, nació el puerto de Río Grande. La esperanza del puerto de La Paloma, como centro de salida de la producción de la zona este del país y del sur del Brasil, no culminó como se proyectara inicialmente. La ubicación de la estación del ferrocarril en la zona noreste de Rocha, respondía al trazado proyectado hacia Lascano y Treinta y Tres. El ferrocarril que unió Rocha con La Paloma, cumplió su importante misión hasta el año 1928, en que se inaugura la línea férrea entre San Carlos y Rocha. Por esa razón, el puerto de La Paloma pierde vigencia, tanto para el transporte de pasajeros como para el de mercaderías y productos, aunque hace algunos años atrás volvió a tener cierta relevancia como consecuencia de la actividad pesquera.

Por la misma época se produce el surgimiento de los Parques Nacionales en el departamento. Para todos es conocida la fotografía que muestra la entrada a la Fortaleza, con numerosos automóviles, en la conmemoración del primer centenario de la toma de Santa Tersa por Leonardo Olivera, 31 de diciembre 1925. En la oportunidad en que se inician oficialmente las obras de restauración de la Fortaleza y del Fuerte San Miguel, trabajos que se extienden hasta alrededor del año 1960. En ese período adquieren gran trascendencia los trabajos y la obra de don Horacio Arredondo, reconstruyendo los monumentos históricos que estaban destruidos e invadidos por las arenas. Su obra no sólo comprende los trabajos de recuperación de la Fortaleza y del Fuerte, si no que siembra miles y miles de árboles de las más variadas especies, y construye los parques más hermosos del territorio nacional y de los mejores de América.

En la década del cuarenta se consolida la red vial del departamento, no sólo con la ruta que une Rocha con Montevideo, sino también, las del interior del departamento. Lo que son hoy las rutas 15, 10, 13, 16 y 19, fueron proyectadas por una comisión vecinal que integran don Alfredo Vigliola, don Facundo Machado y el Dr. Mario Sobrero. Dicha Comisión colabora con el Municipio y el Ministerio de Obras Publicas con el trazado de un plan de red vial, que hoy disfrutamos con pavimentos sensiblemente mejorados.

En ese período  que se habilita el Parque Andresito del Balneario La Paloma, paralelo a la obra que realiza Solari en el Balneario, que lo va transformando, hasta convertirlo en un centro de atracción turística de relieve.

Como consecuencia de los acontecimientos ocurridos en el mundo, como la Segunda Guerra Mundial, se opera un cambio importante en nuestra economía y hasta en nuestra sociedad. El aprovisionamiento de aceite de hígado de bacalao, que era la materia prima fundamental para la obtención de vitaminas, convierte a la pesca en una actividad muy lucrativa, ante el reclamo de países como Japón y de otros del continente asiático. Al producirse el aislamiento de ese país como consecuencia de los citados acontecimientos bélicos, se hace necesario cambiar los rumbos y buscar otra fuente de producción de vitaminas. En esa investigación, se descubre que el hígado de tiburón tiene las misma propiedades, lo que impulsa a nuestros pescadores a la captura de esa especie en nuestra costa oceánica. Inicialmente se faenaba el tiburón y se despreciaba el resto. La explotación de la carne como alimento es posterior, lo que pudimos apreciar directamente con alumnos y practicantes de la Escuela Ramírez, en visitas didácticas realizadas a La Paloma. En ellas, era muy frecuente tener la oportunidad de observar la llegada de los barcos pesqueros, la descarga de los tiburones y de los barriles de aceite del hígado de los que se habían faenado mientras se emprendía el regreso a puerto. El resultado económico de esa actividad, determinó la creación de otras agrupaciones de pescadores, como la de Puntas del Diablo, zona valorada como excelente pesquero.  Es ahí que surge la primera colonia de pescadores.

Sin perjuicio de reconocer el impulso que han dado a la costa oceánica muchos particulares y el Estado, a sido de gran valor el que le dieron, a lo largo de estos años, los pescadores.

La primera vez que visitamos Cabo Polonio, allá por el año 1938, la población permanente alcanzaba a cinco personas: dos funcionarios que atendían el funcionamiento del Faro, dos dedicados a atender la radio del Faro y don Jacinto Pereyra, integrante de la Comisión de Protección a la fauna lobera. Un carro, cada quince días, llevaba las provisiones necesarias para atender la alimentación de esas personas. Hoy en día, Cabo Polonio se ha convertido en un polo de atracción turística y de gran riqueza pesquera, dos factores que han sido decisivos en la evolución de la economía del departamento, complementados, naturalmente, con la constante evolución de la ganadería, de la producción lechera. En el mismo sentido, en la actividad agrícola, la producción arrocera ha ido perfeccionando el cultivo, alcanzando los primeros niveles en los resultados nacionales.

En resumen: turismo, pesca, producción ganadera y agrícola, conforman nuestra principal riqueza, generadora de industrias y de ocupación laboral.

Cuando estamos por cumplir los doscientos años de vida, de este somero balance, un poco desordenado, podemos comprobar cómo la historia sigue mandando. ¿Cuáles son hoy las preocupaciones fundamentales en nuestro departamento? Sin lugar a dudas, el desarrollo y la producción; pero unido a ello, la conservación y preservación de los recursos naturales. No es lo mismo que mejorar los campos, pero en muchos se le parece; es decir, la tarea que emprendió la Corona Española hace doscientos años, de "arreglar los campos", como decían ellos, para que la explotación fuera segura, legítima, real, próspera y benéfica para la comunidad, es, en cierta forma, lo que con otro nombre y tras dos siglos de progreso, evidentemente en otras condiciones, el departamento y el país siguen buscando. Al extremo que los llamados humedales han sido declarados, por organismos internacionales, lugares a ser protegidos, reservas de biósfera de un mundo que el Planeta debe conservar intactos.

Los médanos del Polonio, declarados monumento histórico, que son casi  únicos en el mundo por su belleza,debenser preservados. 

Todo esto nos supone una reflexión y un compromiso, al cumplirse el bicentenario de la ciudad de Rocha: todos los habitantes del departamento y los que nos visitan o se incorporan a él, tenemos que asumir la defensa del mundo natural y la riqueza, como homenaje a la memoria de aquellas veintiuna familias que hace dos siglos, creyeron en esta tierra para forjar su porvenir y su destino.

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